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“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, dará mucho fruto” (Jn. 12, 24) es lo que dijo Jesús el Domingo de Ramos inmediatamente después de su llegada a Jerusalén. De este modo, el Señor interpreta todo su itinerario terrenal como el proceso del grano de trigo, que solamente mediante la muerte llega a producir fruto.

Vamos a recorrer junto al Señor, con la ayuda de los más jóvenes de la cofradía, su itinerario camino de la Cruz, verdadero camino donde Jesús padece por los pecados de los hombres, verdadero camino y verdadera enseñanza de amor que no puede dejarnos impasibles, que no puede dejar de hacernos más firmes en nuestra fe, en aquello que decimos creer.

El Dios que comparte nuestras amarguras, el Dios que se ha hecho hombre para llevar nuestra cruz, quiere transformar nuestro corazón de piedra y llamarnos a compartir también el sufrimiento de los demás y a no dejarnos insensibles ante la desgracia ajena.

Pero no busquéis a Jesús de Nazaret, el Crucificado, entre los muertos, ¡ha resucitado!

Manuel de la Peña



VÍA CRUCIS INFANTIL

Querido/a niño/a: vamos a realizar juntos una oración muy antigua que se llama vía crucis, que significa "camino de la cruz". Vamos a recordar todo lo que Jesús sufrió por amor a nosotros y para salvarnos del pecado, desde su condena, la marcha hacia el monte Calvario con la cruz a cuestas, su muerte y sepultura. Le pediremos perdón por nuestras faltas y pecados. Y finalmente nos alegraremos con su resurrección.


1ª estación

JESÚS ES CONDENADO A MUERTE



Jesús es acusado y entregado por haber dicho que Él es el Hijo de Dios. Poncio Pilato, procurador romano, viendo que la gente gritaba y pedía que lo crucificaran, tomó agua y se lavó las manos diciendo: inocente soy de la sangre de este hombre bueno. Mandó azotar a Jesús, lo golpearon y se burlaron de Él, y lo entregó para que lo crucificaran.

Jesús sigue siendo, hoy en día, condenado a morir injustamente, es el hambriento en un mundo donde hay comida para todos, el anciano abandonado o el hijo matado en el vientre de la madre.

Nuestra conciencia siempre tiene que ser justa y responsable, que nunca dé la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los débiles y en contra de la injusticia.

Te pido perdón, Jesús, por no ser valiente y lavarme las manos como Pilato cuando veo una injusticia, por ver cómo se burlan de mis amigos y callo, por no ser fiel a la verdad, por serme indiferente mi prójimo enfermo y abandonado.



2ª estación

JESÚS CARGA CON LA CRUZ



La ley exigía que el condenado tuviera que llevar la cruz hasta el lugar de la crucifixión. Éste estaba en las afueras de la ciudad de Jerusalén. La cruz era pesada, pero lo que más pesaba eran los pecados y las ofensas de todos nosotros.

Aceptaste la cruz sobre tus hombros porque nos amaste hasta el extremo para librarnos de la muerte merecida por nuestros pecados, Jesús quiere que seamos sus discípulos siguiendo paso a paso el camino que Él ha recorrido, o sea, cargando sin debilidad y con amor la "cruz" de nuestros deberes y trabajos, de nuestras penas y desilusiones.

Te pido perdón, Jesús, por quejarme de lo que tengo y de lo que me falta, por ser desobediente a mis padres y maestros, por hacer las cosas que me mandan de mala gana, por no jugar con los niños que están solos, por no ayudar en mi casa.



3ª estación

JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ



El peso de la cruz es insoportable para el cuerpo fatigado y herido de Jesús. que cae por primera vez. Son nuestros pecados los que hacen que el Señor caiga por tierra. Pero no se quedó tirado, sacó fuerzas desde lo profundo de su corazón y se levantó para seguir el camino.Lo hizo para enseñarnos a no desanimarnos cuando caemos, nos equivocamos o pecamos. Él nos da con amor su mano y nos ayuda a levantarnos con humildad.

Distraído, evadido o dormido. Tú caes, Señor... ¡y no te veo! Dame un corazón generoso para no cerrar la puerta a quien llama a mi casa pidiendo refugio, sabiendo acoger y dando seguridad y esperanza a los inmigrantes.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que he puesto apodos a mis compañeros, por las veces que me he peleado o insultado, por empezar cosas buenas en el colegio y luego cansarme de ellas o no hacerlas bien, por mis malos pensamientos.



4ª estación

JESÚS ENCUENTRA A MARÍA, SU SANTÍSIMA MADRE



Muchos curiosos se acercaban para ver a Jesús y le insultaban. Su madre estaba allí a la orilla del camino, viendo ensangrentado y moribundo a su hijo llevando la pesada cruz. Con su presencia, quería apoyar a Jesús. María sentía un gran dolor en su corazón, pero confiaba en Dios Padre y en que Jesús nos salvaría. María es el mejor camino que nos lleva a Jesús.

La Virgen María quería mucho a su hijo, como todas las mamás del mundo aman a sus hijos. Cuántas mamás hoy sufren por sus hijos enfermos, por tenerlos lejos o no saber nada de ellos, porque son esclavos de las drogas, por la pobreza o la marginación en la que viven. Míralas, Señor, con el mismo amor con que miraste a la Virgen en el camino al Calvario y, con tu mirada, dales consuelo.

Madre Santísima, acompáñame siempre en mi caminar y ayúdame a confiar siempre en Dios y a ser obediente a lo que me pide.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que me olvido de ti.



5ª estación

SIMÓN DE CIRENE AYUDA A JESÚS A CARGAR LA CRUZ



Los soldados seguían gritando e insultando a Jesús y a los otros dos condenados con Él. Viendo a Jesús tan agotado, tuvieron miedo de que se les muriera de camino y enseguida buscaron un voluntario para llevar la cruz, pero nadie quería. Entonces tomaron a un hombre, Simón de Cirene, que iba de paso y lo obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús. Seguramente fue un alivio para el Señor y se lo agradeció con su corazón amoroso.

Jesús, Tú me enseñaste a ser buen samaritano y a ayudar al hermano que sufre, pero ¿cuántas veces me piden ayuda y les ignoro? Si ayudo a mis hermanos, si levanto al caído, si doy pan al hambriento, si doy agua al sediento, si visto al desnudo, si visito al enfermo y al encarcelado, si enseño al que no sabe, si consuelo al triste, también lo hago con Jesús.

Tengo que formar parte de una Iglesia cirinea, movida por el espíritu, comprendiendo y soportando la carga de los crucificados, alegrando el rostro de Cristo.

Te pido perdón, Jesús, por haberme negado a cuidar a mis hermanos pequeños, por las veces que mis amigos han faltado a clases y yo no he querido prestarles mis cuadernos, por las veces que he disfrutado de que castiguen a otros, por las veces que no he compartido mis juguetes o mis cosas, cuando he sido egoísta y quiero solo lo mejor para mí.



6ª estación

LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS



En aquel camino doloroso fueron pocos los que se animaron a ponerse de parte de Jesús. Muchos preferían esconderse o hacer silencio. Hubo una mujer que, viendo la cara de Jesús tan lastimada, se llenó de valentía, y se enfrentó a los soldados para que la dejaran pasar. Con un paño limpió el rostro del Señor. Jesús miró el corazón y el amor compasivo de aquella mujer llamda Verónica y, como premio, dejó su cara marcada en el paño.

Señor, enséñame a dar un poco de mí mismo a todo el que me necesita, a que el dolor ajeno no me deje insensible sino que me llene de amor y solidaridad. Ayúdame a salir de mi comodidad para ser como la Verónica: ayudar a los que han caído en desgracia y son objeto de burlas de la gente y secarles el sudor y la sangre. Jesús, ayúdame a amar siempre a los demás y a ser agradecido.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que me he portado mal y he borrado tu imagen en mí y apagado tu luz en mi alma, por las veces que les he puesto caras feas a mis papás o a mis amigos, por las veces que he preferido ir a pasear o a jugar en lugar de ir a misa, por las veces que he preferido las cosas del mundo y te he despreciado a ti.



7ª estación

JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ



El camino hacia el Calvario parece inacabable. Jesús se agota cada vez más y cae de nuevo bajo el enorme peso de la cruz. Nadie se preocupa de tenderle una mano amable, sólo gritos, golpes, amenazas. Cae Jesús por el peso del madero. Nosotros, por la atracción de las cosas de la tierra. Prefiere venirse abajo antes que soltar la Cruz. Su amor por nosotros le hace fuerte y quiere llegar hasta el fin.

En nuestros días, Jesús sigue cayendo con el pobre, con el hambriento, con el enfermo, con el preso torturado, ... y no nos damos cuenta porque tenemos el corazón endurecido por el egoísmo y la soberbia. En toda cárcel, junto a cada torturado, siempre está Él, el Cristo que sufre, encarcelado y torturado, pero nada nos importa el que está al lado, lo que le pasa, lo que necesita.

Dame, Señor, un corazón compasivo, que sepa comprender las desgracias y las caídas de los demás. Y ayúdame a levantarme del pecado con firme propósito de no ofenderte y de ser mejor cada día.

Te pido perdón, Jesús, por haber avergonzado a mis amigos, por haberme creído mejor que otros, por haber visto a alguien caer y, en lugar de ayudarle, me río.



8ª estación

JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN



En un recodo de aquellas estrechas calles de Jerusalén, un grupo de mujeres lloraban apenadas por lo que le estaba pasando a Jesús. A pesar de los grutos de la multitud, el Señor las escuchó, las miró y al acercarse a ellas les habló con amor y gratitud. Jesús trató de consolarlas diciéndoles: "No lloren por mí, mejor lloren por ustedes y sus hijos". Así les hizo ver que Él sufría por los pecados de todos los hombres.

Jesús, enséñame a consolar a las mujeres que sufren discriminación y maltrato y que lloran esclavizadas por el miedo a la violencia de los hombres.

Ayúdame a ser compasivo y a dar afecto a las madres que, con dificultades, crían y educan a sus hijos con dignidad. Haz que sepa hacer sentir a mi madre el orgullo y la alegría de haberme engendrado.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que he visto a alguna persona sufrir y no la consuelo, por las veces que mis padres han llorado por mi mala conducta y no les pido disculpas, por las veces que mi orgullo y soberbia no me permiten aceptar el perdón ante una ofensa.



9ª estación

JESÚS CAE POR TERCERA VEZ



Volvió a caerse. Ya no tenía fuerzas y todo el peso de la cruz cayó sobre su cuerpo. Entonces, los soldados impacientes lo levantaron y prácticamente lo arrastraron el último trecho del camino. Jesús, con tus caídas y tu falta de fuerzas nos señalas que también hoy existen otros cristos caídos: el angustiado, el depresivo, el enfermo o el pobre.

Con estas tres caídas nos estás diciendo que no importa cuántas veces podamos caer en desobediencia, en descuidos, en mentiras, en engaños: lo que necesitamos es sabernos levantar y probar una vez más. Si lo intentamos, Tú nos ayudarás. Aunque caigamos muchas veces, nos perdonarás por medio de la confesión.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que no hablo contigo al levantarme o al acostarme, por las veces que no te doy gracias por mi vida, por mis padres, mis amigos, mis familiares, por las veces que no te agradezco mis alimentos, mis estudios, mi ropa, mis juguetes, por todo lo que tengo. Jesús enséñame a servir a los demás desinteresadamente.



10ª estación

JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS



Por fin llegan al Calvario, la colina de las crucifixiones. Era mucha la gente que se había juntado, y no paraban de reírse de Jesús e insultarlo. Entonces los soldados les dieron otro motivo de burla, lo dejaron sin ropa y se sortearon su túnica. Sólo lo cubría su amor por nosotros y su misericordia.

En nuestros días, Jesús, no se nos enseña a respetar nuestro cuerpo y el de los demás, muchos de nuestros hermanos son humillados porque se les despoja de su dignidad como personas, se violan sus derechos, se abusa de su falta de conocimientos, se favorece la impunidad de los poderosos, se calumnia. Jesús se acerca a los desnudos, a los desposeídos, a los despreciados para darles su calor.

En el mundo se da el contraste entre millones de niños que escarban en la basura para encontrar comida y mueren de hambre y miles de niños que la tiran o comen hasta saciarse, niños que no pueden asistir a la escuela mientras que muchos otros no quieren aprovechar el estudio.

Te pido perdón, Jesús, porque yo no me he despojado de las cosas del mundo que me impiden seguirte, porque todavía me creo mejor que otros porque tengo más juguetes, mejores zapatos, mejor ropa, porque me encapricho en que me compren los juguetes que están de moda, porque me he olvidado de otros niños que mueren de hambre, de frío, de sed o no pueden simplemente asistir a un colegio.



11ª estación

JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ



Y ahí está Jesús crucificado. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota crucificaron a Jesús y a dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. No se resistió al sacrificio: para eso se había hecho hombre, sin dejar de ser Dios. Era el camino doloroso que había elegido para salvarnos, para mostrarnos qué grande es su amor y qué malo es el pecado. Los clavos, golpeados por el martillo del poder y del pecado, atravesaron sus manos y sus pies. Pero esos clavos no podrán impedir que sus pies sigan caminando en busca de amigos para su Reino, ni que sus manos sigan bendiciendo, acariciando, curando, perdonando...

La Cruz para el cristiano significa salvación, amor de Dios, victoria sobre el pecado y sobre la muerte. En la Cruz de Cristo se cumplieron las promesas de Dios: nos dio un redentor, para la salvación de nuestras almas.

Cuando peco contra un hermano estoy pecando contra ti y estoy clavándote en la cruz. Ayúdame a ser un buen niño cristiano, a amarte y seguirte, a reconocer mis pecados, a confesarlos y cambiar mi vida.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que he robado algo o lo he deseado, por preferir no hablar de ti a mis amigos para que no me ridiculicen, porque te he traicionado con mi crueldad, mis envidias y rencores.



12ª estación

JESÚS MUERE EN LA CRUZ



Jesús muere. Así cumple la voluntad del Padre eterno: darnos a todos la salvación y la vida eterna. La muerte de Jesús es el camino de la resurrección y es el camino que debemos recorrer: muerte al pecado para resucitar un día en el cielo. Con tus brazos extendidos en la Cruz, Jesús, abrazaste a toda la humanidad. Tus palabras no fueron de reproche, ni venganza, ni odio hacia los responsables de tu dolor, todos nosotros. De tu corazón agonizante sólo surgieron palabras de amor: pediste al Padre que nos perdonara, perdonaste Tú mismo al ladrón que se arrepintió, te preocupaste de que tu madre no quedara sola y la hiciste madre de todos nosotros.

Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros, aceptar llenos de esperanza los sufrimientos de cada día y descubrir a través de tu vida, buen Jesús, el verdadero amor. Nosotros, que nos hacemos la señal de la cruz o que muchas veces llevamos una cruz colgada en el pecho, tenemos que hacer que esa cruz realmente sea un signo de salvación para nosotros y nos recuerde siempre tu amor inmenso.

Te pido perdón, Jesús, por las veces que busco recompensa por cumplir mis obligaciones y por todo lo que hago, por ceder a la tentación de los que se burlan de ti y darte la espalda, por las veces que me he creído sin pecados y que no te necesito.



13ª estación

JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ



Al atardecer, José de Arimatea y Nicodemo bajan el cuerpo de Jesús, ante la presencia de unos pocos fieles amigos, y lo entregan en los brazos de la Virgen María, que sufre inconsolable. Ella sabía que debía ser así, que debía ocurrir aquella muerte para que nosotros tuviéramos vida.

María está de pie junto a la cruz donde muere su hijo. En ese momento solemne, Cristo nos la entrega como Madre. María, madre nuestra, enséñanos a imitarte en la aceptación por amor del dolor, para que Cristo sea conocido y amado.

Ante el icono de la Piedad aprendemos la entrega al amor, a la acogida, a la confianza, a la ternura que sana la vida y suscita la alegría. Amar hasta el final es la suprema enseñanza que nos han dejado Jesús y María.

Enséñame, Madre mía, a no buscar consuelo, sino a consolar, a que no busque ser amado, sino a amar, a que no busque ser perdonado, sino a perdonar, porque dando es como recibimos.



14ª estación

JESÚS ES SEPULTADO



Cerca del lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto con un sepulcro nuevo y ahí sepultaron a Jesús. Después corrieron una piedra muy pesada para tapar la entrada. En los corazones de sus amigos se agolpaban los recuerdos y en el corazón de María, un silencio de espera, porque ella sabía que aquella muerte no era definitiva.

Dios no ha permitido que nosotros fuéramos castigados con la muerte definitiva. La muerte de Jesús derriba todo el mal, basado en la codicia y la dureza de corazón.

Jesús, acuérdate de todos aquellos que piensan que no eres el Hijo de Dios, de todos los que buscan el sentido de la vida y de los que han perdido la esperanza, para que crean en tu victoria sobre el pecado y la muerte.

Ayúdame a comprender que con mi bautismo he sido sepultado a las cosas del mundo y con tu Resurrección, resucitado al cielo.



15ª estación

JESÚS RESUCITA DE ENTRE LOS MUERTOS



Pasado el sábado, María Magdalena y otras piadosas mujeres fueron muy de madrugada al sepulcro. Llegadas allí, observaron que la piedra había sido movida. Entraron en el sepulcro y no hallaron el cuerpo del Señor, pero vieron a un ángel que les dijo: "Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí". Poco después llegaron Pedro y Juan, que comprobaron lo que les habían dicho las mujeres.

El anuncio de la Resurrección convierte la tristeza en alegría porque la vida ha vencido a la muerte, la gracia al pecado, el amor al odio. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La Resurrección de Cristo es la base de la fe e inaugura para la humanidad una renovada esperanza.

Señor, que yo sea Iglesia, sea sacramento, sea santo que te haga presente en el mundo. Si he resucitado con Cristo he de vivir según la nueva condición de hijo de Dios que he recibido en el bautismo, y que quien me vea aumente su fe en tu Resurrección.



Querido Jesús: después de haber recorrido tu Pasión, Muerte y Resurrección, te pido que no me dejes nunca de tu mano y que me perdones todas las veces que te ofendo y hago más pesada tu cruz. Haré todo lo posible para que en mi conducta y en cada uno de mis gestos los demás te vean a ti. Ayúdame a compartir, a ser obediente, a ser piadoso, a ser estudioso... Ayúdame a ser buen hijo, buen hermano, buen amigo. Jesús, quiero estar siempre contigo.

La Cruz es la llave que abre las puertas de la esperanza, del perdón, de la paz, de la única y verdadera alegría. Jesús, el buen pastor que dio la vida por sus ovejas, ha resucitado y nos da la luz, el amor, la vida.



Edición y texto:

Manuel de la Peña Valverde

Ilustraciones:

Patxi Velasco Fano